Sigo sin internet en casa por lo que hoy más que nunca aprovecho para entretenimientos ajenos a la red. Por ejemplo: por fin he aprendido a jugar al ajedrez, el cual se une así a mi ya de por sí enorme cantidad de hobbys. Claro está, actualmente no me siento demasiado suelta y mi nivel es malo tirando a broma asesina pero lo importante es pasarlo bien, cosa que consigue con creces este absorbente y apasionante juego. Recomiendo con creces a quien no sepa jugar que intente aprender al menos para probar, ya que el entretenimiento (¡y piques grandiosos con el adversario!) están más que asegurados.
Además, el ajedrez enriquece la vida social. Porque es bastante simpático estar en la cantina repasando un manualillo de ajedrez y que en el transcurso de un par de horas se te hayan sentado al lado exactamente catorce muchachos amabilísimos para proponerte jugar o enseñarte técnicas. Ojalá hubiera descubierto el ajedrez estando soltera, maldita sea.
No sé si será algo pijo pero si alguno de los que me conocéis personalmente habéis visto en alguna tienda un ajedrez rosa como el de la foto superior decidmelo por favor. ¡Me haría mucha ilusión!.
Otro vicio recientemente adquirido es la famosísima trilogía de novelas detectivescas “Millenium” de Stieg Larsson. Actualmente voy por la mitad de la tercera. El próximo día hablaré de ellas con más detalle porque tengo que irme a casa, solo diré que terminar una novela de más de 700 páginas en poco más de 5 días solo puede deberse a dos razones: o ni trabajas ni estudias ni tienes aficiones ni vida social, o ese libro engancha preocupantemente.
En el caso de la trilogía “Millenium”, es lo segundo.
¡Besitos!





























































































